| María님의 프로필La papelera de mi cuarto블로그리스트 | 도움말 |
|
1월 21일 Feliz cumpleaños, Marya. Si me enciendes por las malas yo te prendo por las buenas:
no hay reglas en este duelo a espada que romper ninguno de los dos pueda. Abrazados en el silencio de los pies entrecruzados inventamos artimañazas para irnos entrenando. Hay luchas en que se gana afilándose bien los dientes pero es difícil estar atento mientras flotas en una balsa de aceite. Si rompes esta promesa yo te regalo una canción Y no me obligues a repetirte que ya no tengo corazón. Las mentiras trepan por las paredes de este cuarto Convertidas en palabras negras perfiladas con cuarzo, Carentes de sentido si no las arropan nuestros cuerpos, les faltará hasta el aire si rasgamos este silencio. Mientras silbas sobre el pasado, yo tarareo sobre el presente. Mientras te haces el despistado, yo te siento más ausente. Cara a cara, piel a piel, alma a alma, Se desnudan los deseos y se aclaran las gargantas. La letra de aquél tema nos ha hecho recordar una vida que fue la nuestra y que está muerta ya. Contén esa lágrima tras las pestañas que yo busco un mechero para matar los recuerdos con la fuerza de este veneno. No hables y sígueme contando las proezas de aquél chico que se está desnudando, que yo seguiré mirando al techo escuchando por tu rodilla Todas aquellas historias que inventé siendo una niña. Sí, te quiero, y a nadie se le condena por eso. Sí, es cierto, quizá este no sea el momento. Dime un adiós más bonito, quiero sentirlo en la cara, esta vez quiero notar el viento por debajo de mi falda. 1월 15일 Papel secante o lo que corre por mis venasPAPEL SECANTE
Grupo: Extremoduro
Atraviesa ya
la cortina gris deja de pensar nunca estás aquí. Encuéntrame al salir de tus juegos de azar empiézate a reir y dame de fumar y en mi corazón no busques nunca una razón sólo de vivir siempre fuera de control. Y acompáñame si quieres hacer que me sienta bien y ponte del revés si quieres hacer que te sienta bien. Me sube y me siento encima de las nubes me cuentan que tienes ganas de tormenta qué importa si las noches se nos hacen cortas me mira y hasta las palabras se me olvidan. Y cuando sale, el sol, empieza a bailar y cuando ríe, el mundo entero me da igual. Y al despertar se acabo la primavera y al día siguiente la cabeza no me deja de girar, repetiremos un sábado cualquiera nos hablarán las estrellas en cualquier lugar. La música forma parte de nuestras vidas. La letra de una canción y su música pueden expresar sentimientos generales, compartidos por toda la humanidad, pero al escucharla precisamente nosotros y precisamente en ese momento concreto, se convierte en nuestra propia vida, en nosotros mismos. A veces la mejor manera de expresar nuestros sentimientos es utilizando las palabras de otros. Gracias Robe...
"De carne y hueso sólo para ti..." 1월 13일 Podría ser túPodría ser cualquier desconocido. Podría abordarte durante un viaje, por ejemplo. Podría abordarte diciéndote lo bello que eres. Podría intentar acariciarte, besar tu oreja y susurrarte algo en mi idioma. Podría dejar que reposaras tu cabeza sobre mí y que me meciera el suave perfume de tu respiración. Podría dejar que me venciera el sueño entre tus brazos, despierta y atenta en mi inconsciente a cada golpe de tu pulso... Saber que estás vivo y que por un instante me perteneces. Saber que te quedarás todavía un rato conmigo. Con el perfume de mi sexo entre tus dedos. Podría abandonarme al llanto y suplicarte por mi vida.
Ya sabes que toda mi energía se concentra en la yema de tus dedos, en la palma de tu mano. Sólo si me la acercas vuelve a mí. Eres tú el dueño y señor de mis actos.
Digno de alabanza y reproche.
Digno de oda
y sátira
y condena. 1월 12일 ¿¿¿¿¿Relato erótico?????UNA MISMA Salió del comedor con la diminuta bata blanca que su madre le había regalado para la noche de bodas, aquella que jamás se atrevió a usar. Ahora, por primera vez, había decidido ponérsela; justo hoy, el día del funeral de su marido. Aquella bata transparente que marcaba sus formas, que adornaba sus pezones con una hermosa telaraña de hilos de seda y lazos, que dejaba entrever los secretos que durante años había guardado con celo, caía sobre su cuerpo haciéndolo todavía más grácil, más sensual. El comedor había quedado borracho de su perfume, borracho de la fragancia que compró el día de su pedida de mano para embriagar a aquel encantador joven que la había mirado con ternura las últimas treinta tardes estivales a la sombra del álamo del jardín. Una débil sonrisa se dibujó en su cara al entrar a la habitación y ver la cama hecha, fría como el hielo, vacía como la mirada que había albergado en los ojos durante mucho tiempo, esa cama que tantas otras veces había estado deshecha, ardiente, inmensamente llena y amenazante ahora lucía tonos rojos y morados, y se mostraba delicada y atenta, muy cercana, como si de repente se hubiese enamorado de ella, así que queriendo complacerla se revolcó sobre la colcha acariciándose, sintiéndose, excitándose. De repente, se levantó y abrió el joyero extrayendo una a una las joyas que más le gustaban, las que más le favorecían, y se adornó el cuerpo con pendientes, pulseras, anillos y gargantillas; el cepillo sobre la mesa imploraba pasear entre las ondas de sus cabellos, largos y suaves, que ahora por fin podían bajar libremente por sus hombros, recorriendo su espalda hasta su cintura. El maquillaje que en otro tiempo le servía como máscara ahora hacía su piel más tersa, sus ojos más relucientes y sus pómulos más juveniles. Cuando se hubo arreglado, dirigió sus atenciones al espejo, al enorme espejo que descansaba en la puerta del armario y se acercó hasta él casi pidiendo permiso, muy despacio y temerosa de encontrarse con aquella mujer en la que se había convertido. Para su sorpresa, el espejo estaba de buen humor y, liberado de las cadenas que le ataron tiempo atrás, dejó a la mujer mirarse, más bien admirarse, pues al ver de nuevo su silueta graciosa de semi-adolescente, sonrió más abiertamente y presionó el interruptor de la luz. Lo que antes era piel arrugada y negruzca, ahora era todo tersura y luminosidad. Un extraño calor inundaba su pecho al contemplar los muslos, bien formados y turgentes que se sobreentendían debajo de la bata, los encajes de seda que mostraban sus rodillas, contorneadas, definidas, y sus caderas, redondas y juguetonas. La cintura se agitaba excitada al compás de sus piernas, aún tenía las medidas de entonces, las medidas de antes y eso hacía que el calor que fluía en su interior se intensificase, queriendo agarrar todo su cuerpo a la vez, queriendo tenerlo todo junto en sus manos. Recorrió suavemente con sus dedos el serpenteado camino desde su pelo a sus caderas, definiendo las formas de la cara, de los senos y de la cintura, dándose cuenta de que la fina capa de la bata no le permitía sentir la textura de su cuerpo, así que con su mano derecha desabrochó los lazos que la sujetaban y la dejó caer detrás de ella. El roce de la bata sobre su piel al caer incentivó de nuevo el calor y el verse así, desnuda, y contemplar la hermosura de su cuerpo: desde los cobrizos pezones hasta el enmarañado vello púbico la hicieron sentirse más a gusto, más tranquila, más sosegada, feliz consigo misma. Se miraba en aquel trozo de cristal y se gustaba, se deseaba. No fue extraño que después de aquello acariciara su pecho, suave y despacio al principio, fuerte y deprisa después, trazando círculos, estimulando los pezones e intentando chupar la piel, y que agarrara su vagina más tarde, poseyéndola, gozándola, descubriendo aquél clítoris que durante tanto tiempo había sido un castigo y convirtiéndolo en la fuente más grande de placer. Acompasaba el ritmo de su masturbación con los latidos de su corazón y a cada golpe se sentía más suya, más única, más independiente: ella misma. 1월 10일 Primer cajón de plástico de mi escritorio: los vibradores de MarioSe levantó de la cama y, así como estaba, salió de la habitación. No podía verla, pero podía sentirla entre los pliegues de las sábanas: su olor, su tacto, su sabor… Ahora su voz encendía mi oído y casi podía introducirme dentro de ella de nuevo. - El sexo es lo que nos da la vida. El sexo recrea nuestra naturaleza y permite que nos olvidemos durante todo el acto de la racionalidad y que seamos puro instinto. Puedes sentirte el rey del mundo mientras follas en un pajar perdido en la ladera de una montaña china, entre pulgas y vacas. Es la libertad más plena, es el regocijo del propio yo, la autosatisfacción. El sexo con una misma es lo más gratificante, tú misma sabes qué hacer, sabes lo que te gusta, lo que te excita y arrojas todo pudor fuera de tu mano, de tu brazo, de tu boca y de tus piernas y te dejas deslizar por un camino de fantasías, ese camino prohibido durante la racionalidad que, cuando el instinto logra eclipsarla, se convierte en tu vía preferida hacia el mayor de los placeres: el más puro encuentro con tu yo real, con tus orígenes. El sexo con otros es una entrega que puede convertirse en sacrificio. El sexo con otros surge de una necesidad de satisfacer un impulso, un deseo, o de vencer complejos. 1월 5일 4 de diciembre de 2001Acabo de encontrar esto en medio de mis apuntes de Ética de 4º de la ESO... aibá...
NOTA: en esta época yo era virgencita pura y casta y seguramente (muy seguramente) estuviera en 1º de Bachillerato, en clase de matemáticas comiéndome con los ojos al profesor (jeje) y llevara un ciego considerable... No juzgues mi adolescencia o tendrás que hacer lo propio con la tuya.
¡A LA PAPELERA!
Mi alma vagará eternamente por la tierra, bueno, por esta tierra, que es la mía. No por nada en especial, sino de forma general mi vida es mala. El mal y el bien son axiomas para el resto del mundo, pero para mí el mal tiene cara, la mía, y piensa, y sonríe ¿acaso es irreal? ¿acaso es evidente? Pues no. Me gusta la maldad, me resulta tan… sexy. Me gusta usar las piezas negras en el ajedrez. Me gusta ver llorar a la gente, sobre todo si he sido yo quien les hizo llorar. J Soy mala ¿y qué? Soy feliz con ello, me gusta ser mala. Una sonrisa se dibuja en mi cara cuando me satisface algo y todos saben lo que me satisface. Me río en la cara de los que están en ridículo. Me reí de Juanjo cuando no sabía cómo hacerme estremecer. Vaya un pedazo de inútil. Jajajaja “me estoy acordando de un chiste” ¡No! Sólo quiero que hagas que me tiemblen las piernas, sólo quiero que me lleves a la luna… Sólo busco ansiosa tu poya. Y no es que lo más importante en la vida sea el sexo, es que me hace sentir genial. Hoy siento que no necesito a nadie: soy autosuficiente. Sólo les uso (como se usa a un electrodoméstico) y cuando ya están viejos y no hacen bien su función… a la puta calle. Sólo quiero lo que me es útil. El sí porque sí. Fumarme un peta me hace feliz, por ejemplo. Estar borracha, también. La música a toda hostia en la habitación o en un bareto me entusiasma. Alberto me pierde. A él, sólo a él no le tiraría luego aunque ¿quién sabe? Todo depende de hasta dónde quiera llegar cuando le tenga encima. ¡Mezcla explosiva! -Emborracharme. -Echar un polvo con Alberto. -Fumarme un peta. Y todo eso con una buena banda sonora. Ya soy feliz. “No necesito otra cosa que no sea el jugo de la felicidad”. No busco nada que no lleve mi sello. A este lo cogía yo y le llevaba al infinito y más allá (es que me está rayando con tanto ±¥Öx2-16 etc). Ojalá algún día… ya me entiendes. Me imagino acariciando su muslo y subiendo hasta su poya por encima del pantalón. Acariciando fuerte fuerte. Me lo imagino buscando como un loco la cremallera, con los pantalones sobre una silla y los calzoncillos en el suelo. Yo desnuda. Él encima mía. Entra, entra. Acaricio una pierna contra la otra ¿quieres pasar? Parece un niño pequeño lamiendo mi tripa, agarrando mis tetas. Me aprieta fuerte las caderas… ¿quieres entrar? Acaricia con suavidad, tumbado encima de mí, mi vagina… le gusta, lo noto. Ya está húmeda. Entra con miedo. Le siento temblar encima mía, besándome el cuello. Le está gustando. Más deprisa, más deprisa ¡Dios! ¡Qué cerquita que está el cielo! Respiramos apresuradamente y los besos saben a coito, a flujo. Un gemido suyo tras otro en mi oído cada vez me pone más. Ha sido el mejor polvo imaginario de mi vida. ¡Cómo ha molao! La verdad es que este conmigo iba a flipar. 1월 4일 Para Fede, por dejar que los miedos se evaporen con su aliento.El miedo en el cuerpo, zigzagueando como una serpiente borracha. En la cabeza una canción. Una de esas que saben a pasado. Camino despacio, un, dos, tres pasos y vuelta atrás. Mi cuarto es muy pequeño, no hay espacio suficiente para correr, como me gustaría ahora. Desearía huir despavorida, saltar por la ventana tras una larga carrera que hiciera temblar los músculos de mis piernas y volar, salir despedida con los brazos extendidos y dejarme mecer por el viento, que cargara él con el peso de la decisión de a dónde ir. El sobre sobre la mesa, esperando tranquilo, a él no le suben ratones por los muslos haciéndole molestas cosquillas debajo del ombligo. Me siento en la cama y juego con la alfombra entre los dedos de mis pies. Esa canción ha hecho que caiga la primera lágrima matando unos cuantos ratones, y a la serpiente. Es lo que tiene llorar: asesina la intranquilidad y pare el dolor. El miedo ahora es angustia, me tumbo, me encojo y el mundo se hace más pequeño a mi alrededor. Extiendo la mano, mi cuarto es muy estrecho, alcanzo a la mesa y arrastro el sobre hacia mí, sobrevolando la alfombra. Lo miro fijamente, lo huelo y lo empapo. La pared está muy cerca, lanzo el sobre con rabia contra ella gritando que se vaya, que no vuelva… y el techo deja, repentinamente, de caer sobre mi cabeza, los muros, antes rejas que me convertían en su prisionera, vuelven a estar adornados con fotografías de los buenos tiempos y colores alegres. La pared, mi amiga, ha abierto su enorme barriga y ha guardado el sobre en sus entrañas. Nunca volverá. Ahora puedo cerrar los ojos, respirar profundo y dejarme llevar por un dulce sueño mientras navego los mares tranquilos. Respuestas?Cacho de relato que escribí pensando en ti (y que jamás leerás)... ¡A la papelera con él! luego, si me animo, le prendo fuego y terminamos de una vez por todas con este sufrimiento.
Cuántas veces nos habremos preguntado tú y yo qué es la vida. Ninguno de los dos parecía tenerlo muy claro, ni siquiera aquella noche, revolcándonos en la playa. Tú decías que la vida eran mis ojos, porque la vida era azul clarito. Yo, sin embargo, decía que la vida eran tus pies, desnudos siempre y siempre sucios. ¿Alguna vez hemos estado de acuerdo? No te gustaba que dijera, medio en broma, que éramos la noche y el día, la luna y el sol, cristal y roca, agua y fuego, niño y cadáver… ¡y eso que siempre te dejaba ser la mejor de los dos! Pero ahora lo veo claro, siempre opuestos, espalda contra espalda, viendo cada uno del otro tan solo una imagen ideal, figurada, sobreentendida, sin fundamento. ¿Qué había de mí en ese chico perfecto con el que te paseabas? Apenas la ropa. Ahora te miro ahí, tan callada, que me parece que siempre hayas sido solo silencio, incluso en tus días más risueños. Es increíble cómo pasa el tiempo… ¿cuántos años he cumplido? Creo que ya rondo los cuarenta, pero sigo siendo un niño. Mis alumnos son los únicos que me recuerdan de vez en cuando mi edad, cosa que ni siquiera el espejo ha conseguido nunca. Se dirigen a mí llamándome señor, con todo el respeto que se merece un adulto como yo. ¿A ti quién te recordaba que el reloj no se para por mucho que le quitemos las pilas? Probablemente tus hijos, que pasaron de ser una masa de carne rosita y llorona a discutir tus decisiones. Cuando te replican, es que piensan, y si piensan… existen, viven, ¿verdad? Te cojo la mano, estás fría, me pregunto si alguna vez volverás a estar tibia, como antes. Tu marido está dando de cenar a los niños, ¿qué pensaría si me viera así? Seguramente se enfadaría, pensaría que estoy loco y me echaría de su casa. Quiero besarte, pero tengo miedo de que entre. Lo haré, lo he hecho, por última vez. Debes perdonarme esta licencia, no sé si lo consentirías. Apenas respiras, Ana. Al acercarme a ti no he sentido tu aliento, parece que va en serio lo de que te estás muriendo. Cuando me llamaron no quise creérmelo. Estaba en el coche, volvía del instituto. El viaje en avión ha sido largo y escéptico. Creí que todo era un reclamo, que buscabas llamar mi atención. Soy un egocéntrico. Por ahí, solo, siempre imaginaba que estarías pensando en mí, que te casaste con ese tipo huyendo de algo que te hice, algo que no podías perdonarme, como castigo, pero no por amor. Que la parte más auténtica de ti seguía siendo mía, que estabas entregada a mí. Al entrar en tu casa me he dado cuenta de lo equivocado que estaba. Me he dado cuenta de que te habías construido una vida donde yo no cabía por ninguna fisura, donde yo no me encontraba en ningún recoveco. Era un cobarde, lo reconozco. Una de vampiros. Para Esther (porque ella lo vale)Por fin la sostuvo entre sus brazos: la capa gruesa envolvía sus cuerpos. Ella, inmóvil. Él, pura cinética: la expresión del temblar mismo. El cuello ladeado, blanco como nácar recién pulido. Era realmente bella. La garganta apetecible; sólo tenía que acercar su boca, hundir sus colmillos y empezar a lamer y el placer dejaría de ser un concepto abstracto y se encarnizaría en ellos dos. Pero pensó en el mañana, él, que vivía sin tiempo, él, que se movía sin espacio. Vino a su mente un vago recuerdo: lo que significaba estar encadenado a unos ejes, lo que era esperar, proyectar y trasladarse. ¿Qué era aquello? Había estado tan suspendido en la nada del deseo inmediatamente satisfecho… había olvidado lo que era ser humano lo que era la amenaza de la muerte. Ahora lo veía perfilando las venas perecederas de la joven bajo su capa. Tenía que decidir. Y en el acto de la decisión chocaron sus deseos y supo de nuevo la tragedia que encerraba la decisión. En ese punto colisionaban, para destruirse una de ellas, dos vidas. Dos vidas enteras. Ahora comprendía, tras 500 años, lo que realmente significaba matar a alguien. Ahora, que tenía que inmolarse a sí mismo. 12월 14일 Maneras de perder el tiempo¡A la papelera!
Lamo mis heridas debajo de las mantas, escondida. Tu indiferencia no va más allá de una pose y un prejuicio, cogidos de la mano, perpetuando una negativa, creyendo que te creces un poco, creyendo que me salvas la vida. No soy lo suficientemente fuerte para seguir aguantando fría, ante tus rechazos impasible, como un témpano de helada ambrosía. Si te atrevieras a derretirme entre tus dedos… A dejar que fluya el flujo que guardo dentro… Mares de felicidad nos lloverían y bailaríamos como los dioses, untados en pasión, en puro goce. Maldita nocheLa noche corría por mi espalda dejando un surco de estrellas. Maldita noche de estrellas negras, las camuflas entre tus sombras para que ni las nubes ni yo podamos evitar colisionar contra ellas, haciéndolas explotar. Maldita noche que no avisas de los peligros de andar a ciegas entre tus sombras, no nos adviertes del pozo, ni del acantilado, ni de los profundos océanos donde nos aguardan las sirenas. Maldita noche, tú que reposas entre nosotros, desnuda, impregnando con el olor de tus fluidos nuestro cuerpo entero. Maldita noche, tú nos condenas al olvido y al encuentro inoportuno, tú nos maldices, como yo ahora hago contigo, a desafortunados deseos que nunca podremos recordar como parte de nuestro pasado. Marioneta intencionalAprieto las tuercas de tus muñecas y tú ni te inmutas.
No te importa ir dejando caer manos y dedos,
ir dejándolos hacer por su cuenta:
no tienes planes para ellos. Insaciable fin del mundoInsaciable recorro tu piel
como el abejorro en busca de miel,
como el condenado a muerte
entre piernas de mujer,
por última vez.
Es momento de ponerle fin a la Historia, amigo, no a la historia de los hombres, ni a tu historia ni a la mía, sino que es hora de precipitar el Apocalipsis. Esto es una llamada a la locura, al sentimiento sádico que todos albergamos: tú, yo y la madre Naturaleza. Esa a la que los hippies visten de santa y adornan, adulándola, con flores y ríos, esa es la más puta, la peor. Adorar a Gaia, erigirle un trono, ¡chorradas! Tampoco quiero bailar desnuda para Satán, ni dejar que su trémulo y rígido falo me penetre glorificando mi alma, tiñiendo de rojo las sábanas. No hay dioses, será un fin sin repercusiones, un fin de los que me gustan, un fundido a negro a la eternidad. Después no quedará ni silencio. 12월 12일 Desempolvando odios, convirtiéndolos en aire.Otro papel arrugado, lo saco fuera, seguro que en la papelera se ventila:
Fragmento de un guión que comencé el año pasado basado en un sueño. ¿Nuestra verdadera naturaleza se revela a través de nuestros deseos? ¿O no existe una verdadera naturaleza más allá de ellos? Sea como sea, mis compulsiones asesinas despiertan mientras duermo...
ELLA está sentada sobre la cama, desnuda, fumando un cigarro. De reojo se mira reflejada en el espejo. Apaga el cigarro con mucha calma en un cenicero de cristal trasparente. Empieza a vestirse despacio. De fondo se escucha el crepitar de las llamas y alaridos de mujeres.
ELLA (susurrando mirando a la cámara) La odiaba. Tenía que hacerlo.
ELLA sale al pasillo lleno de humo denso cargada con una maleta y se ve en frente una habitación ardiendo. Las llamas salen por la puerta a bocanadas. Los gritos adquieren matices fantasmagóricos. ELLA No grites, nada te salvará. Se tapa la boca con la mano y sale de la casa.
12월 7일 El hombre nuevo¿Qué mejor para empezar que este relato que empecé, no terminé y que, al no ser terminado, cobró un nuevo sentido? De lo que iba a ser la muerte de un hombre nació un hombre nuevo...
Cerró la puerta tras de sí y atravesó el pasillo a grandes zancadas sin mirar si las puertas de las habitaciones estaban todavía abiertas. En su cuarto Blanca ya había encendido el incienso y le había dejado una nota sobre la cara de la joven del cuadro que adornaba la pared donde se apoyaba el escritorio. Inmediatamente arrancó la nota y comprobó que el pegamento de la parte superior del papel se había llevado consigo las bellas facciones de aquella muchacha. No estaba enfadado, más bien sentía una aplastante tristeza. Arrugó la nota sin leerla, no le hacía falta. Blanca le había abandonado. Sabía que algún día ella lo iba a hacer, que no le aguantaría mucho tiempo más. Tiró la nota a la papelera y se quedó observándola hasta que perdió todo su significado: ahora no era más que una mancha amarilla sin una forma definida sobre un fondo negro y brillante. Se dejó caer sobre la cama y fue bajando poco a poco los párpados, hasta que los únicos estímulos que pudo percibir del exterior fueron el denso olor del incienso y un silencio que suponía absoluto, infinito, el silencio que se produce el instante anterior a la propia muerte. Despertó. Se incorporó bruscamente y se arrodilló frente a la papelera. La nota seguía allí. Probablemente guardara un rastro de ella, un olor, una huella, alguna pista que le indicara dónde podía estar. La extendió sobre el escritorio y acercó su nariz. El olor de la celulosa, la tinta y el perfume de Blanca se mezclaron en sus mucosas hasta hacerle llorar. Las lágrimas cayeron sobre las letras emborronándolas. Alejó la cara del papel y leyó lo que ella había escrito. “Adiós, Blanca” musitó, y dejó caer todo su cuerpo sobre la mesa, abrazándola fuerte, fundiendo con su carne aquella nota que ratificaba su reencuentro con la más terrible de las soledades, la que deja la ausencia de aquello que amamos. Muchas veces había temido aquél momento, mucho más que la propia muerte de Blanca. Una noche le había dicho, medio en broma: “Si alguna vez mueres me convertirás en un escritor de talento, tendré la oscuridad y la desesperación necesarias para olvidarme del mundo de ahí fuera y sacar de las entrañas las palabras que verdaderamente describen la miseria del mundo de ahí dentro. Pero, si alguna vez me abandonas, me convertirás en un despreciable ser egoísta, tan ensimismado con mis propias entrañas que no pararé de mirarlas sin poder sacar nada de ellas, sin siquiera saber lo que son”. Hoy se daba cuenta que aquello, en realidad, lo decía muy en serio. Sentado sobre el escritorio buscó en sus bolsillos el paquete de tabaco, extrajo un cigarrillo y se lo colocó entre los labios. Se levantó y caminó hasta la cocina, con la mente en blanco. Cogió un mechero y encendió el cigarro. Contempló la mueca patética de su cara en las baldosas de la pared y sonrió sin entender muy bien por qué. New BornBienvenidos a mi cuarto, concretamente al cilindro agujereado de debajo de mi escritorio: mi papelera. Aquí van a venir a parar todas esas cosas que nazcan de mi mente y decida que no podrían ocupar un lugar mejor que la basura, de modo que no merece que la pena que desperdiciéis aquí ni un solo segundo de vuestras vidas: salid a pasear al parque, leed un libro, ved una buena película, escuchad ese disco que os gustaba tanto y que está cogiendo polvo en la carpeta de "Incoming" o... lo que queráis. De todas formas, yo seguiré aquí para cuando ya no haya nada más que hacer.
Este sitio, "space", blog o como se llame en el lenguaje modernillo de los cibernautas, será para mí más un desahogo que una actividad creativa o artística, no le pido mucho más. A la derecha iré apuntando las películas que vaya viendo este año, no para hacer una lista con las mejores y presumir del buen cine que veo, sino para echar cuentas del tiempo que pierdo viendo películas "del mercaíllo" (guiño a quien yo me sé y ella se sabe).
Nada más, si habéis leído hasta aquí sois unos campeones.
Salud y república. |
|
|