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La papelera de mi cuarto

3월 13일

En el ojo del huracán

Huele a tormenta y a vientos huracanados,

pero todo está en calma.

Se escapa un suspiro que corta el ambiente helado de este cuarto.

La atmósfera tibia, entran algunos rayos del sol,

me pesan las uñas al escuchar esta canción.

Las respuestas se evaporaron con el último trago

y quedé desolada, desolando a la vez este cuarto.

Me corto en trocitos.

No hay vivisección más placentera que la de tus pestañas en mis hombros.

El hombre unido con grilletes a la tierra,

la fuente, no la diosa.

La fuerte, no la valiente.

Sobreviviendo, aprendiendo a mantener el equilibrio.

Pronto se me alborotará el pelo

si no termina este delirio.

Entre las nubes de la noche se oscurecen mis mejillas

y una sombra se retuerce y me amarra a la orilla.

No me perderé a mí.

Perderé el mundo, el consuelo, la esperanza y la suerte.

Pero derrotada y magullada seguiré viviendo sin vivir,

por encima de la muerte y las tinieblas de lo profundo.

Vagaré yo y mi alma.

Vagaré hasta encontrar un oasis en la arena

donde por fin pueda reflejarme.

3월 6일

Espiral de identidad

Viento agitado sobre la cabeza. Forma espirales cuyo centro soy yo. Viento y olor del olivo exiliado. Frío galopando hasta la base del cuello desde la frente. Viento y silencio hacen un pacto y nos dejan sordos y títeres; soy un fantoche en manos de un impulso… todo gira y yo miro con los ojos entrecerrados. No hay sensación de mareo, sí de desconcierto. Un, dos, tres… La niebla de Josephine Mist, de Pepa, de mí… esa niebla resguarda la verdad de mis pupilas, la esconde en apariencias que fluyen, cambiantes y sonrientes que os recuerdan a mí. Yo soy la que soy no por ser Dios, sino por ser yo. No necesito religión, no me hacen falta suelo ni paredes para sostenerme en el remolino, en el tornado. Pero, sin embargo, te necesito a ti. Ni dioses, ni sociedad. Yo, contigo… soy yo sin ti.

En la playa, el sol mancha las aguas. Domingo por la mañana.

Impresionismo. Manchas amarillas del agua. Peces muertos envueltos en papel de plata. Espinas y ceniza. Definirte por diferencias, por lo que no eres. Hoy tacho otro yo de mi lista. Más arena fría sin calcetines que vidrios en baldosas de mármol. Más vacío que lleno (no por pesimismo). Más fuera pero dentro que dentro hacia fuera. Más cabeza que pies, pero más entrañas que cabeza. Luz para la oscuridad interna. Más suave, menos saltos y más deslizarse. No dolor de otros. No sufrimiento. Expresionismo que impresiona con manchas de tinta el mundo. Calor en la nariz, fríos los hombros. Tranquilidad. Nunca más eso; te defines por diferencias. Escarbas en el no intentando encontrar un sí, una respuesta, un yo.

Quémame viva

Quémame viva, quiero sentir que renazco entre tus dedos.

Arráncame la ropa, no sólo en el sentido literal.

Libera mi alma de mi cuerpo, como tan bien lo estás haciendo.

Devuélveme al planeta de los sueños,

a ese del que nunca debí salir.

¿Y qué importa si soy una mandona?

Hoy quiero tenerte para mí, con la fuerza del deseo,

con el calor de nuestros cuerpos jóvenes

agitándose, estremecidos, por este sueño nuestro.

¿Y qué importa si nunca despertamos?

Somos libres en esto que inventamos,

Tú cada vez eres más tú al estar conmigo,

y yo cada vez soy más yo, al dejarme estar contigo.

Aunque me pese en el ego, llámame loca,

que yo haré un sobreesfuerzo por no comerme esa boca.

Dime algo dulce para aliñar este mejunje,

que las pasiones se me agolpan mezcladas con azufre,

y ríe mientras lloro desconsolada

que no hay sonido que más me alegre que ese que imagino de tu risa por la mañana.

¿Yo?

Cien mujeres muertas.

Cien niñas desvirgadas.

Cien alientos apagados.

Cien noches amanecidas.

Si entre la muerte y la vida

no se extiende un abismo

podemos inmolarnos a nosotros mismos

y continuar esta comedia.

Yo es una palabra corta.

Yo eres tú y es él y somos todos.

Yo ya no es importante.

Si los engranajes chirrían

otro muerto en la calzada

y yo sigue siendo alguien.

Entre el tú y el yo

sólo hay una perspectiva

insignificante y subjetiva

que nos convierte en nadie.

Si todos dicen yo

no nos queda nada

porque ya nada es importante.

Enjuicia, tú, que eres yo

que dices yo

lo que yo escribo

lo que yo pienso

lo que yo juzgo.

No hay valor y no importa.

Somos nadie porque seguimos

siendo yo

aunque yo sean todos

y eso convierta al yo

en absolutamente nadie.

 

María

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